martes, 18 de marzo de 2008

Falta de fe en sí mismo

¿Acaso la santidad consiste en meterse en vida al santoral?
Aquel que no cree en sí mismo es el más santo.
El talentoso, el que no teme horrorizarse
de su torturante mediocridad.

La falta de fe en sí mismo es indispensable,
indispensables esas tenazas de angustia,
para que el cielo negro de la noche
penetre en nosotros
y nos rasgue las sienes con estrellas,
para que irrumpan en el cuarto los tranvías.
Sus ruedas atravesándote el rostro,
para que la horca, horrible, viva,
entre por la ventana, volando y bailando.

Es indispensable cualquier fantasma sarnoso
envuelto en sus raídos trapos teatrales,
y si hasta los fantasmas son caprichosos,
por dios, no lo son más que los vivos.

Es indispensable, en el aburrimiento mortal,
el miedo mortal a pronunciar las palabras
y el miedo a afeitarse: como si a través de los pómulos
creciera ya la hierba de las tumbas.

Es indispensable delirar de pie,
desesperarse, saltar a vacío.
Tal vez sólo desesperado sea posible
hablar honestamente con la época.
Es indispensable, dejando artilugios,
explorarse a sí mismo, aunque me oigan risitas,
y reconstruir de nuevo sus propias manos
con los dedos que rodaron bajo el armario.

Es indispensable la cobardía de ser cruel
y la observación de pequeñas clemencias,
cuando en marcha hacia metas de seudo-grandeza
las estrellas se ponen a chillar.

Es indispensable, con hambre de proscrito,
morder el verbo hasta el hueso.

Sólo aquel que pertenece a los desnudos,
no está desnudo ante la eternidad aprensiva.

Y si has llegado desde la mugre al principado
des-princípate y ten en cuenta
que mucha menos mugre tuviste
cuando vivías en la mugre de verdad.

¡Qué bajeza es el auto-respeto!
El creador alzará hasta las alturas
sólo a aquellos que hasta en el movimiento más pequeño
tiemblan con el escalofrío de la inseguridad.

Mejor abrirse las venas con un abrelatas,
tenderse como un vago en un secano del parque,
que ir a parar al confort de la seguridad,
en un singular significado.

Bendito sea el artista chiflado,
que sus esculturas destroza de golpe,
hambriento y aterido, pero libre
de la humillante fe en sí mismo.



Poema inédito del escritor ruso Eugueni Evtuchenko publicado hace unos años en La Nación. Recortado, fotocopiado y luego compartido por mi amigo Alfredo Cáceres Valenzuela que no veo hace años.


4 comentarios:

online lottery dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
Anónimo dijo...

hola, aquí alfredo cáceres, dí con tu página, buscando recuperar el poema de Evtuchenko. La poesía es circular.
Va un abrazo fraterno, espero estés bien. Alfredo

Leo paredes dijo...

Genial, oye Alfredo si vuelves a leer ésto, mándame un mail pa no perder el contacto. Con Puno siempre nos acordamos de ti, igual que con el Esteban Funky.

Anónimo dijo...

VA el correo, jazzalf@yahoo.es, que bueno que diste señales de humo, señales de vida.

Alfredo