sábado, 19 de abril de 2008

Compre Júpiter



No soy un buen lector de ciencia ficción, sólo recuerdo que me gustó mucho "Crónicas marcianas" y un libro de Asimov llamado "El fin de la eternidad".
Por querer leer más de Asimov sin agarrar aún sus Fundaciones comencé a leer una compilación de cuentos llamada: "Compre Júpiter" donde aparece además, un comentario del propio Asimov al final de cada cuento.
Isaac Asimov, por si no lo sabe, fue además de escritor, bioquímico estadounidense (aunque nació en Rusia) y en general cumplió una labor de divulgación científica. Nació en 1920 y murió en 1992.

El libro es bastante irregular hay algunos muy predescibles, otros demasiado explicativos, pero por supuesto hurgueteando hay algunos muy interesantes.
En resumen, recomiendo algunos cuentos y no el libro entero: "Sala de billar darwiniana", "Todos exploradores", "¡En blanco!", "¿Le importa a una abeja?", "Asnos estúpidos", "Exiliados al infierno", "El mayor bien" y "Versos luminosos".

Dejo acá el cuento más corto, pero tal vez de los mejores logrados en esta antología.



Asnos estúpidos

Naron, de la longeva raza rigeliana, era el cuarto de su estirpe que llevaba los anales galácticos. Tenía en su poder el gran libro que contenía la lista de las numerosas razas de todas las galaxias que habían adquirido el don de la inteligencia, y el libro, mucho menor, en el que figuraban las que habían llegado a la madurez y poseían méritos para formar parte de la Federación Galáctica. En el primer libro habían tachado algunos nombres anotados con anterioridad: los de las razas que, por el motivo que fuere, habían fracasado. La mala fortuna, las deficiencias bioquímicas o biofísicas, la falta de adaptación social se cobraban su tributo. Sin embargo, en el libro pequeño nunca se había tenido que tachar ninguno de los nombres anotados.

En aquel momento, Naron, enormemente corpulento e increíblemente anciano, levantó la vista al notar que se acercaba un mensajero.

-Naron -saludó el mensajero-. ¡Gran Señor!
-Bueno, bueno, ¿qué hay? Menos ceremonias.
-Otro grupo de organismos ha llegado a la madurez.
-Estupendo, estupendo. Hoy en día ascienden muy aprisa. Apenas pasa año sin que llegue un grupo nuevo. ¿Quiénes son?

El mensajero dio el número clave de la galaxia y las coordenadas del mundo en cuestión.

-Ah, sí -dijo Naron-, Lo conozco. -Y con buena letra cursiva anotó el dato en el primer libro, trasladando luego el nombre del planeta al segundo. Utilizaba, como de costumbre, el nombre bajo el cual era conocido el planeta por la fracción más numerosa de sus propios habitantes.

Escribió, pues: La Tierra.

-Estas criaturas nuevas -dijo luego- han establecido un récord. Ningún otro grupo ha pasado tan rápidamente de la inteligencia a la madurez. No será una equivocación, espero.
-De ningún modo, señor -respondió el mensajero.
-Han llegado al conocimiento de la energía termonuclear, ¿no es cierto?
-Sí, señor.
-Bien, ése es el requisito -Naron soltó una risita-. Sus naves sondearán pronto el espacio y se pondrán en contacto con la Federación.
-En realidad, señor -dijo el mensajero con renuencia-, los observadores nos comunican que todavía no han penetrado en el espacio.

Naron se quedó atónito.

-¿Ni poco ni mucho? ¿No tienen siquiera una estación espacial?
-Todavía no, señor.
-Pero si poseen la energía termonuclear, ¿dónde realizan las pruebas y las explosiones?
-En su propio planeta, señor.

Naron se irguió en sus seis metros de estatura y tronó:

-¿En su propio planeta?
-Si, señor.

Con gesto pausado, Naron sacó la pluma y tachó con una raya la última anotación en el libro pequeño. Era un hecho sin precedentes; pero es que Naron era muy sabio y capaz de ver lo inevitable, como nadie, en la galaxia.

-¡Asnos estúpidos! -murmuró.

3 comentarios:

Pablo dijo...

Como siempre me sorprende, maestro, aunque no tanto... excelente extracto y resumen de lo mejor de la obra en cuestión.

lotto sweepstakes dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
Anita dijo...

lei el cuento, jijiji
ta pulento :) gracias