domingo, 16 de abril de 2017

Procesión Carlos Pezoa Véliz


Sólo para no olvidar, aquel sábado que hice una procesión desde la Plaza Almagro hasta el Cementerio Católico, aparte del cansancio y el devenir interno, no ocurrió más de lo planeado. Rescato si unas fotos que no irán en el artículo de Carlos Pezoa Véliz que aparecerá el viernes 21. 
Luego de hablar con los libreros estaba sacando fotos cuando se acercaron dos niñitos y me dijeron si podía sacarles una foto. Obvio que les dije que si y fue un momento muy tierno porque se abrazaron (mientras miraban a su papá), después se despidieron y se fueron, lo que me hizo pensar en su actuar al revés de lo común, donde lo importante es ser fotografiado, no ver la foto ni su publicación, de todas formas me quedé con la foto que fue apurada, pero concreta. También saqué una foto al toples Unicorno y al resto-bar Almagro, he entrado muchas veces al último, nunca al primero. Hay una foto dentro del cementerio y es lo que había al frente de la banca donde me senté muy agotado (me demoré 80 minutos el pique). Y finalmente una foto en el Bar Quitapenas donde me comí un pescado con papas mayo, una ensalada a la chilena y una Pap, mientras un caballero cantaba a Raphael. Hablé también con un marmolista para que pusiera una plaquita al poeta con mis agradecimientos, pero no tengo idea si lo hizo, espero que si porque le pagué y fue trato de mano, confiemos. Ah, y en el camino por San Diego me compré un libro de Eduardo Carrasco. Eso fue todo.





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