El trapecista
"Pero, ¡ay!, llegó un día en que el trapecista se negó a bajar. Acababa de terminar su actuación en el Gran Teatro de Livourne y había de salir en automóvil para Tarbes aquella misma noche. A pesar de las súplicas de Rorschash y del director del music-hall, a las que pronto se sumaron los gritos cada vez más exaltados del resto de la compañía, de los músicos, los empleados y técnicos del teatro y del público que había empezado a salir, pero se había detenido y había v uelto atrás al oír todos aquellos clamores, el acróbata cortó orgullosamente la cuerda que le habría permitido bajar y empezó a ejecutar con ritmo cada vez más rápido una sucesión ininterrumpida de grandes soles. Duró dos horas aquella última proeza y provocó cincuenta y tres desmayos en la sala. Tuvo que intervenir la policía. Desoyendo las advertencias de Rorschash, los agentes trajeron una escalera de bomberos de las mayores y empezaron a subir por ella. No llegaron ni a su mitad: el trapecista abrió las manos y...