sábado, 15 de octubre de 2016

De la Tierra a la Luna

Me gustan mucho los libros, quienes me conocen hace tiempo y además han ido a mi casa lo saben muy bien. No es sólo la literatura, sino que la materialidad de los libros. Me encanta la experiencia de enfrentarme a un libro por primera vez, tocarlo, olerlo, abrirlo, entrar de a poco en su existencia, y creo que todo libro tiene una historia propia, por eso me gustan más los libros usados, uno adentro se encuentra fotos, boletas, anotaciones, timbres, precios de épocas o lugares lejanos y uno trata de seguir su rastro, pensar en quienes más lo han leído, el porqué de esas manchas, o de esos dobleces. Imaginar cuanto tiempo estuvo sin ser visto en un estante de una casa o de una librería hasta que volvió a moverse.
Cuento todo esto porque tengo un bello ejemplo de lo que les hablo y quiero compartir aquella simple y asombrosa experiencia. Acabo de terminar un libro que compré hace años en la feria, una novela que ya había leído a los 9 años, y que me prestó una compañera de curso con la condición que no me lo llevara para la casa, así que lo leía en el recreo, arrinconado en el patio mientras los demás jugaban. El libro es "De la Tierra a la Luna" de Julio Verne, escritor de aventuras que me interesaba de pequeño como lo ha sido para otros pequeños en diferentes décadas. Decidí comprarlo para recordar el porqué decidí no jugar en el colegio por algunos días, decidí leerlo en un pequeño ímpetu de volver un rato a las aventuras imaginarias de mi infancia. Lo que no sabía es que el libro me traía una sorpresa que no noté en la compra y que le dio peso al inicio de la lectura. El libro trae en su primera hoja una dedicatoria: "regalo de Anitita para Juanito. San Juan, 24 de Junio de 1969. Puerto Montt." Luego más abajo: "-1969- Año del viaje a la Luna".
Imaginé quizás lo mismo que imaginan ustedes ahora, la conmoción de la llegada a la luna como momento histórico, incluso en el sureño fin del mundo, y el acierto de Anitita de regalar una evidencia de que lo que alguna vez fue imaginación ahora era un hecho.
¿Qué será de Juanito? ¿Lo habrá leído? Sin duda. ¿Habrá tenido en 1969 un televisor cerca para ver el pequeño y gran paso de Armstrong? ¿En qué instante se separó de este libro? Muchas preguntas sin respuesta, pero para eso existe también la literatura, para responder con magia las interrogantes que cambiarán al mundo.
Esto era todo lo que quería compartir.




1 comentario:

carolinaiglesias dijo...

Buena entrada Lucho, yo leí este libro, también cuando era niña y me acuerdo de haber pensado en la ciencia, en cómo el hombre hacía avances para mejorar la calidad de vida o para comunicarnos. Me encanta lo que comentas sobre el mensaje que tenía el libro. Cuando llega un libro a mí, le pongo mi nombre y el año para tener una referencia desde cuando lo tengo. Y después cuando lo leo, veo desde cuando está guardado en la estantería, como una verdadera bibliotecaria.