sábado, 15 de abril de 2017

A los 4 años ya sabía leer


A los 4 años ya sabía leer, también escribía, sumaba y restaba, lógicamente todo mérito de mis padres más que mío. Por lo mismo alguien les dijo a mis papás que yo era superdotado, sentencia absurda que el tiempo se encargó de desmentir, pues al final era un tema de comparación, no todos en el barrio tenían la dedicación de sus padres. Por saber leer es que cuando entré a kinder, al cambiarme de colegio, le sugirieron a mis papás que me subieran a segundo básico porque sino me iba a aburrir. Mi padre, en una de sus sabias decisiones se negó, pues dijo que como yo era muy chico me iban a sacar la cresta todos los días, sobretodo si tenía buenas notas. Así fue que tuve una infancia normal y creo que feliz. 

Sin embargo la impresión que tengo de mí cuando chico no es muy buena, tengo la idea de viejo chico que creía que se las sabía todas, como sabía leer mis compañeros me conferían el poder de la sabiduría absoluta. Una vez dos compañeros me preguntaron, a los 5 años, si uno se curaba si tomaba mucha agua. Yo no sabía obviamente, pero tuve que inclinarme por una respuesta y dije que si, pero si de verdad era mucha, mucha agua, eso desencadenó que pasáramos un recreo entero tomando agua y que mis amiguitos juraran que estábamos curaos, yo me di cuenta que no, pero les seguí el juego y caminábamos cayéndonos y chocando en el camino a la sala. La tía nos preguntó porque hablábamos raro y mis amigos insistían en que estábamos ebrios. Y se cagaban de la risa. Cosas de niños. 

La cuestión es que no me caigo muy bien a esa edad, era muy santurrón, muy correcto, medio weón a la larga y mis papás que confiaban en que era inteligente me motivaron a aprenderme banderas, capitales y datos enciclopédicos. Puras leseras. Aunque ahora que lo pienso terminé siendo un poco así pero con datos freak. 

Cuando veo fotos de esa edad no me quiero, siento que no tiene nada que ver conmigo, aunque lo más probablemente es que tenga mucho que ver. Todo apuntaba a que sería un triunfador dentro de este malévolo sistema y así lo indica mi fome curriculum: primeros lugares, Instituto Nacional, Universidad de Chile, pero a pesar de eso soy un completo fraude, y lo digo con orgullo, la poesía, el cine, el rock y el amor me han guiado para ser finalmente quien he querido ser, he hecho más de lo que soñé, soy feliz, que más se puede pedir, he tenido suerte además, eso es innegable. Mis amigos son mi mejor curriculum.

Y ayer encontré esta foto en la casa de mis padres y me encontré bacán, jaja, porque me veo feliz con cierta burla incluso en la cara, como riéndome del futuro, en un acto de complicidad con mi yo actual, sabiéndome un Don Nadie, un loser que prefiere las orillas, que aboga por la intrascendencia, y que siempre sonríe porque todo da lo mismo, aunque más seguido de lo que quiere lagrimea al ver un simple detalle que le devuelve la fe en la humanidad.

Gracias papás por conservar esta foto y por no haberme subido de curso, no quiero ni imaginarme donde estaría ahora si hubieran apurado mi adultez, una adultez que aún no quiero que llegue.


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