lunes, 22 de enero de 2018

La ciudad y los cines

"Se trataba de reunirse con la luz apagada para ver películas, poco importa si en un antro, una cabaña o un sótano, se trataba en fin de compartir imágenes en la oscuridad, como uno comparte la música o el juego. Muy a principios del siglo XX se empiezan a construir edificios permanentes, sólo para proyectar películas. Las jornadas de trabajo de las clases populares son duras, el cine es la recompensa después del trabajo, el cine es uno de los elementos que organiza el reloj. En la década de los 20, los edificios para películas toman por primera vez un aspecto respetable, se proyectan palacios para el cine, templos para contemplar imágenes en movimiento. Los arquitectos inventan y mezclan estilos, piensan nuevas formas para los lugares donde reunirse a ver películas. Ver películas ya es como comer o beber. O como besarse. Todo ello crea una extraña nube, ya pensamos como en las películas, sentimos como en las películas. En una conquista posterior, las películas sienten como nosotros sentimos y piensan como nosotros pensamos. Todo ello lo compartimos como la música o el juego. En los centros de todas las ciudades aparecen cines, la gente se reúne en el centro, es decir en los cines. Luego cada barrio necesita su cine. Su cine, un lugar para reunirse y su "propio" cine, es decir sus propias películas. Y más tarde cada barriada reclama su cine, exige su cine, 100 niños esperando un cine, en cada población un cine. 
La ciudad, son cine encontrados, una reunión de cines." 


- Extracto del texto de presentación "La ciudad y los cines" de Jordi Colomer que aparece en el libro de fotografías "92 Cines. Los cines de Santiago" de Rodrigo Avilés -